El rey de los monos
Cuento corto: El rey de los monos
Un día el rey de los monos oyó hablar de Buda, al que consideraban sus seguidores un gran ser. «Si es un gran ser -se dijo el mono- yo no puedo dejar de conocerlo. ¿Acaso no soy el rey de los monos? Está bien que a ese gran hombre le admiren, pero él me admirará a mí, porque soy fuerte, intrépido y poderoso».
El rey de los monos se presentó ante Buda, que acababa de pronunciar un sermón precisamente sobre la compasión y la humildad. La verdad es que el mono era ágil y fuerte, sin embargo, era sumamente arrogante y soberbio.
– ¿Qué tal estás, amigo? – le saludó el Buda con afecto.
– ¿Cómo voy a estar, señor? Miradme. Soy fuerte, valiente, ágil y listo. Soy el rey de los monos. No podría haber sido de otra forma. Nada me arredra y no hay lugar al que yo no pueda ir.
– ¿De veras? – preguntó con ironía Buda, sin que la misma fuera captada por el animal.
– ¡Y tan de veras! Te lo puedo demostrar ¿Dónde quieres que vaya?
– Si te empeñas – repuso Buda -, donde a ti te apetezca ir; aunque quizá deberías saber que el mejor sitio está dentro de uno.
El mono le miró sorprendido. La verdad es que no era aquél un hombre corriente. Dijo con evidente prepotencia:
– Veloz como un rayo, con el ánimo diligente y recurriendo a todo mi poder, que es mucho, voy a viajar hasta el fin del mundo y luego volveré hasta ti.
– Si es lo que quieres…
– Te lo demostraré, gran ser.
El mono dio un impresionante salto y partió veloz. Corrió con toda la energía de sus resistentes patas. Cruzó valles, dunas, desiertos, montañas, junglas, desfiladeros, cañones, ríos, mares y cordilleras. Fueron días y días de una galopante carrera, hasta que al final llegó a un lugar en el que divisó cinco inmensas columnas y más allá, el vacío absoluto.
– No hay duda – se dijo -, éste es el fin del mundo.
Para marcar su territorio, el mono orinó en aquellas gigantescas columnas. Luego regresó corriendo hacia el punto de partida. De nuevo atravesó velozmente, a lo largo de días, mares y ríos, cordilleras y valles, desiertos, dunas y desfiladeros. Llegó por fin donde estaba Buda.
Jadeante, el mono dijo:
– ¿Te das cuenta, señor? He llegado al fin del mundo. Soy el más poderoso, el más ágil, el más resistente, el mejor entre los mejores.
Los ojos despejados de Buda se clavaron en los del petulante rey de los monos. Buda dijo:
– Por favor, amigo, mira a tu alrededor.
El mono miró a su alrededor. ¡Por todos los dioses! Estaba en la palma de la mano de Buda y comprendió que nunca había salido de la misma. ¡Qué mal olía! Era su propia fétida orina derramada en los cinco dedos de la mano de Buda que había tomado por columnas y, más allá, el vacío. ¡Ni siquiera había salido de su mano!
FIN
Que tanto saben del cuento El rey de los monos
Es hora de poner a prueba los conocimientos de tus niñas y niños sobre el cuento El rey de los monos. Elaboramos un cuestionario de preguntas para tus peques.
- ¿Cómo se llama el cuento?
- ¿Qué personajes aparecieron en el cuento?
- ¿Quién fue el presonaje principal del cuento?
- ¿Cuál fue tu parte favorita del cuento?
- ¿En que lugar ocurrio la historia?
- ¿Inventa otro final para el cuento?
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