Cuentos de Princesas

El Príncipe Rana

El Príncipe Rana

Había una vez una hermosa princesa que vivía en un gran castillo, día su padre, el rey, le dio una bola de oro como regalo de cumpleaños.

Feliz cumpleaños, hija mía. Gracias padre.

A la princesa le encantaba su bola de oro. Ella comenzó a pasar todo su tiempo jugando con ella en el jardín. Un día ella salió con su bola y comenzó a jugar con ella aventandola en el aire.

La princesa se acercó a un pequeño está en ti y siguió jugando con la abuela. Pero en esa ocasión. Ella no pudo atraparla después de haberla lanzado en el aire y la bola comenzó a rodar.

La princesa corrió tras su bola de oro, pero la bola avanzaba más y más rápido. Finalmente, la bola cayó en el estanque y se hundió en el agua.

La princesa se sentó al lado del estanque y comenzó a llorar sin consuelo.

Mi hermosa bola de oro. ¿Cómo podría recuperarla? De repente escuchó una voz.

Mi hermosa princesa. ¿Por qué estás llorando?

Ella miró a su alrededor, pero no pudo ver de dónde venía la voz.

Cuando mira de cerca, se dio cuenta de que la voz provenía de la rana que estaba justo al lado del estanque mirándola.

La rana saltó hacia la princesa y le preguntó de nuevo al acercarse.

¿Qué pasa a mi hermosa princesa? ¿Por qué estás llorando?

La princesa se quedó estupefacta cuando vio una rana que hablaba una rana que habla.

¿Cómo puede ser? Bueno, aquí estoy hablando mi hermosa princesa. Ahora dime por qué estás llorando.

Al tranquilizarse, la princesa comenzó a contar su historia.

La bola de oro que mi padre me dio ha caído en el estanque y ya está en el fondo. ¿Cómo voy a recuperarla? La rana se acercó a sus pies y le hizo una.

Mi hermosa princesa te trae de vuelta tu bola, pero a cambio necesito que me hagas un favor.

La princesa sintió curiosidad. ¿Qué tipo de favor?

Si usted acepta ser mi amiga. Me gustaría vivir con usted en el castillo.

La princesa lo pensó y luego aceptó su propuesta.

Pronto la rana saltó en el agua y desapareció de su pista.

Al cabo de un rato apareció con la bola dorada y la arrojó a la princesa al recuperar su bola. La princesa felizmente comenzó a caminar de vuelta al castillo al ver a la princesa alejándose. La rana le gritó rápidamente.

Mi hermosa princesa me has olvidado, me prometiste llevarme contigo al Castillo.

La princesa le gritó desde lejos, riéndose.

Cómo puede una rana fea como tú, incluso imaginar el poder vivir con una hermosa princesa como yo.

La princesa abandonó a la rana y regresó a su castillo.

Por la noche, el rey, la reina y la princesa se sentaron a la mesa, justo al comenzar a comer. Escucharon a alguien tocando la puerta.

La sirvienta les dijo que había llegado una rana, indicando que la princesa le había invitado y pedía permiso para entrar.

El rey, sorprendido, le preguntó a su hija. Quieres decirnos lo que está pasando hija mía.

Bueno, papi. La princesa le contó todo lo que había ocurrido esa mañana en el estanque.

Si le hiciste una promesa a la rana por recuperar tu bola, debes cumplir tu palabra.

El rey le ordenó a la criada que le diera la bienvenida.

Un poco más tarde, la puerta se abrió y la pequeña rana entró y se acercó al lado de la mesa.

Buenos días a todos y gracias mi rey por permitirme entrar.

Con un gran salto, la rana cayó al lado del plato de la princesa. Ella lo miró con repudio. El rey ordenó un plato para la rana, pero la rana lo detuvo.

No hay necesidad de un plato. ¿Puedo comer del plato de la princesa?

La rana comenzó a comer del plato de la princesa y ella estaba muy molesta con él, pero pensó que de todos modos la rana se iría después de la cena y no dijo nada.

Pero la rana no tenía ninguna intención de irse después de la cena. Cuando se levantaron de la mesa. Él la siguió a su habitación.

Pasó el tiempo y a la rana le dio sueño.

Mi princesa tengo mucho sueño. Me gustaría dormir en tu cama si no te importa.

Con miedo de enfadar a su padre, la princesa tuvo que aceptarle eso también. La rana saltó sobre su cama y puso su cabeza sobre su suave almohada, tratando de ocultar su enojo. La princesa se acostó junto a la rana y durmió.

Por la mañana, la rana despertó a la princesa.

Buenos días mi hermosa princesa. Tengo un deseo más que pedirte, si lo haces, me iré de aquí de enseguida. Al escuchar que la rana fea se iría pronto, sin ser muy evidente.

La princesa estaba muy feliz. Bien, dime qué quieres ahora.

La rana le miró a los ojos. Quiero que me beses mi princesa. La princesa saltó de su cama furiosamente.

¿Cómo te atreves? Eso es ridículo.

La sonrisa, la cara de la rana desapareció y en su lugar una lágrima corrió por su mejilla.

La princesa pensó un rato. Bueno, ¿qué podría pasar con solo un pequeño beso? Evidentemente no lo volveré a ver nunca más, así que ella le dio un beso. Tan pronto como besó a la rana. Una luz blanca brillante cubrió la habitación.

Debido a la luz, la princesa no pudo ver nada. Después de un rato, la luz desapareció.

La princesa volvió a ver, pero esta vez no podía creer lo que veía. Justo donde se encontraba la rana, hace un momento había o era un apuesto hombre. La princesa estaba sobresaltada con lo que estaba viviendo. No podía creer lo que veía y preguntó quiénes están y qué pasó con la rana que estaba aquí.

Mi hermosa princesa, soy el príncipe de una tierra lejana. Una bruja malvada me hechizó y me convirtió en una rana. Para romper el hechizo tenía que pasar una noche junto a una princesa y recibir un beso de ella. Gracias a ti me he salvado de ser una rana para siempre.

La princesa estaba muy sorprendida, pero a la vez muy feliz con lo que escuchó. Ambos fueron con el rey y le contaron todo.

Esta es la segunda lección que la rana te ha enseñado mi querida hija. No debemos juzgar a nadie solo por su aspecto físico, sin saber toda la verdad sobre ellos.

El rey recibió al príncipe durante unos días más en su castillo. El príncipe y la princesa fueron al lado del estanque donde se conocieron por primera vez.

Mi princesa. ¿Quieres casarte conmigo y venir conmigo a mi reino?

La princesa sonrió y accedió aceptando la propuesta del príncipe y justo en ese momento un sonido rompió el silencio.

Rivet, Rivet.

Volvieron para ver de dónde provenía el sonido. Había una rana al lado del estanque mirándolos, contuvieron su aliento y esperaron que les hablara.

Pero no sucedió ambos.

No te preocupes, pequeña rana, estoy seguro de que también encontrarás a tu princesa algún día y rieron.

Después de un corto tiempo se casaron y vivieron felices para siempre.

FIN

Fuente: Adisebaba

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