Cuentos de Princesas

Su Majestad Miau

Su Majestad MiauCuento corto: Su Majestad Miau

Había una vez una vieja viuda que vivía con un gato. Este era un gato adulto pero demasiado glotón, que comía como si todavía fuera un gatito. Cierta mañana se bebió toda la leche de un trago y su ama, al descubrirlo, se molestó, le pegó y lo echó a la calle. Muy triste, el gato fue a sentarse al puente del pueblo. Allí se encontraba un zorro que, sentado sobre el brandal, dejaba caer su larga y esponjosa cola por uno de los extremos del puente.

Al verla, el gato no pudo evitar ponerse a jugar con ella y le dio un tirón al zorro que lo asustó, y lo hizo saltar. El gato se asustó también y se apartó con los pelos de punta. Ambos se miraron el uno al otro.

El zorro jamás había visto a ningún gato en su vida, al igual que el gato nunca había conocido a un zorro. Ninguno de los dos sabía que hacer, tenían miedo del otro.

Finalmente, el zorro se decidió a hablar:

—Discúlpeme señor, ¿podría decirme quién es usted?

—¡Soy Su Majestad Miau!

—¿Su Majestad Miau, dijo? Nunca lo había escuchado.

—Pues deberías. Yo soy muy poderoso y mando sobre todos los animales.

El zorro se sorprendió mucho al oírlo. Asustado, decidió invitar al gato a comer un rico pollo a su casa. Ya que estaba tan hambriento y casi era medio día, el felino aceptó con gusto y se fueron a su cueva. Ahí, el gato fue tratado como todo un rey por el zorro, que tuvo todo tipo de atenciones hacia él. Y es que ciertamente, el gato se comportaba como tal. Comía bastante y hablaba muy poco.

Tras el almuerzo se retiró a dormir la siesta, ordenándole al zorro que vigilara la puerta para que nadie entrara a molestarlo.

El zorro se puso a hacer guardia a la entrada de la cueva. De pronto, una pequeña liebre pasó por delante.

—¡Oye tú, liebre! No puedes pasar por aquí, Su Majestad Miau está tomando la siesta. Si llega a salir no sabrás adonde escapar, él es muy poderoso y manda sobre todos los animales.

La liebre tuvo miedo y se marchó cabizbaja hasta su madriguera en el bosque. Allí se acurrucó mientras pensaba: «¿quién será Su Majestad Miau? Jamás había escuchado ese nombre».

Un oso pasó por ahí de pronto.

—¿A dónde vas, amigo oso? —le preguntó la liebre.

—A pasear, estoy muy aburrido.

—¡Ay, ni se te ocurra pasar por la cueva del zorro! Dice que Su Majestad Miau está tomando la siesta y que si sale, no tendrás escapatoria. Él es muy poderoso y manda sobre todos los animales.

—¿Su Majestad Miau? Pues jamás había escuchado su nombre. Pero si es así, entonces iré a hacerle a una visita al zorro para ver quién es ese tal Su Majestad Miau.

Y dicho y hecho, se marchó a ver al zorro.

—¡Oye, oso! —exclamó este al verlo llegar— No puedes pasar por aquí porque Su Majestad Miau está tomando la siesta. Si llega a salir no sabrás adonde escapar, él es muy poderoso y manda sobre todos los animales.

El oso se asustó tanto, que dio media vuelta y corrió a ver a la liebre. Junto a ella se encontraban el lobo y la corneja, y ambos comentaban que les había sucedido lo mismo al ir a ver al zorro.

—¿Quién será Su Majestad Miau? Jamás habíamos escuchado hablar de él —decían todos, mientras pensaban en que podrían hacer para conocerlo.

Finalmente, decidieron que lo invitarían a almorzar junto con el zorro. La corneja fue la encargada de hacer las invitaciones.

—¿Qué haces aquí? —le dijo el zorro enfadado— Te dije que no molestaras, ¡vete! ¿No te dije que Su Majestad Miau duerme y que si llega a salir no sabrás adonde escapar, pues es muy poderoso y manda sobre todos los animales?

—Ya lo sé, ya lo sé, pero es que no he venido por mi gusto, El oso, el lobo y la liebre me mandan para invitarlos a almorzar.

—Así cambia la cosa. Aguarda un momento.

El zorro fue con Su Majestad Miau para darle la noticia y al cabo de un rato, salió para decir que aceptaban con gusto la invitación, aunque necesitaban saber donde sería la comida.

—No se preocupen, vendré mañana a recogerlos y yo misma los llevaré.

El lobo, el oso y la liebre se esforzaron por preparar un gran banquete. La liebre se encargó de cocinar porque como su cola era corta, no se quemaría tan fácilmente. El oso cortó y llevó la leña y la carne, mientras que el lobo se esmeró al poner la mesa.

Cuando la comida estuvo lista, la corneja fue a buscar a los invitados. Volaba de árbol en árbol, sin atreverse a aterrizar en el suelo. En vez de eso se quedó en una rama y desde allí llamó al zorro.

—¡Un momento, por favor! –dijo él— Ya casi estamos listos, solo espera a que Su Majestad Miau se peine el bigote.

Por fin, el gato salió de la cueva y se puso a andar delante de los otros, con pasos cortos y elegantes. La corneja no dejaba de mirarlo, llena de temor. Mientras tanto, el oso, la liebre y el lobo les esperaban nerviosos, preguntándose como sería Su Majestad Miau. De tanto en tanto se asomaban a la ventana para saber si ya estaban llegando.

—¡Vienen por allá! Ay Dios, ¿por dónde escaparemos? —gritó la liebre y en su desesperación, se tropezó con el fuego. Cuando la cola se le incendió, se dio la vuelta y arañó por accidente al lobo. El lobo, pensando que había sido el oso, le dio una bofetada. Y el oso, al querer abofetear a la liebre, terminó pegando a Su Majestad Miau, quien acababa de entrar.

¡Su Majestad Miau se asustó de una manera terrible! Tan terrible que echó a correr, asustando a la corneja y a los demás. A lo mejor todavía siguen corriendo, si es que no han parado.

Fuente: www.cuentoscortosparaniños.org

Que tanto saben del cuento Su Majestad Miau

Es hora de poner a prueba los conocimientos de tus niñas y niños sobre el cuento Su Majestad Miau. Elaboramos un cuestionario de preguntas para tus peques.

  • ¿Cómo se llama el cuento?
  • ¿Qué personajes aparecieron en el cuento?
  • ¿Quién fue el presonaje principal del cuento?
  • ¿Cuál fue tu parte favorita del cuento?
  • ¿En que lugar ocurrio la historia?
  • ¿Inventa otro final para el cuento?

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